sábado, 25 de febrero de 2017

Fin de semana en Pelotas

Cuando estaba en la escuela primaria, la profesora de Geografía tenía la costumbre de usar un viejo mapa enrollable de más o menos un metro por un metro y medio. El mapa era de Argentina, pero allí se veía un poco de los países limítrofes. Casi todo Chile, buena parte de Bolivia, bastante Paraguay, todo Uruguay y el sur de Brasil. En mi cabeza de niño de once años me causaba mucha gracia que allí, en el estado de Río Grande do Sul, muy cerca de la frontera con Uruguay, hubiera una ciudad llamada Pelotas. El chiste sobre el gentilicio era inevitable.
Pasaron treinta años de aquello. El destino hizo que mi amigo Henrique se fuera a vivir con una chica pelotense (que es el gentilicio correcto) y tuvieran una hija. Es así que hoy, después de tanto tiempo, me encuentro atravesando Uruguay para pasar un fin de semana en Pelotas, con la excusa de conocer a la recién nacida Barbarita y la verdadera razón que es viajar y desintoxicarme.
Ha pasado mucho tiempo desde la escuela primaria, pero increíblemente casi no he tenido oportunidad de estar solo desde entonces. Viviendo con mi madre, casado con Claudia, de novio con Ivana o en esa relación tan especial que tenía con Barbara, la verdad es que nunca me di el espacio que necesitaba para conocerme a mí. Recién en este 2017 estoy encontrando la ocasión y el placer de hacerlo.
Un viaje siempre marca algo. Hoy me dispongo a pasar un finde en Pelotas, ciudad que debe su nombre a un tipo de embarcación hecha de ceibo y forrada en cuero, y por el azar de la polisemia siento que voy a despojarme de todo aquello que hoy me pesa. Fin de semana entre amigos, de descubrimiento y autodescubrimiento, al atravesar el río y tomar la ruta todos los resortes de la contemplación introspectiva salen a flote.
Estoy ahora a cuatro kilómetros de Montevideo, ciudad que recién ahora voy a conocer, aunque siempre quise poner pie allí. En la terminal de Tres Cruces me encontraré con Henrique y seguiremos camino hacia Brasil. Pasaré el fin de semana en Pelotas rodeado de amigos. Gente fina, como buenos gaúchos. Ningunos pelotudos.

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